28 junio 2006

 

La pedagogía del ejemplo


Los compañeros de la Biblioteca Popular Héctor Germán Oesterheld, Galpón Sur de La Plata nos proponen la siguiente lectura:


Las fronteras en la educación popular:

Darío Santillán, Maxi Kosteki y la pedagogía del ejemplo

Por Claudia Korol

En estos días realizamos una clase abierta de educación popular, para reflexionar colectivamente sobre el significado del 26 de junio del 2002 en el proceso de luchas populares, y para rendir nuestro homenaje-compromiso a Darío y Maxi, pensando los mejores caminos para continuar bregando por sus sueños, y para mantener viva la llama de la indignación frente a las injusticias en nuestros corazones, en nuestros cuerpos todos, y fundamente en nuestras acciones.

Varios compañeros y compañeras estuvieron ayudando a nuestra reflexión. Entre ellos, Leonardo, hermano de Darío, y Pablo Solana, del Frente Popular Darío Santillán.

Quisiera recuperar un instante de ese encuentro, en el que yo "aprendí" y "aprehendí" una enseñanza fundamental, que siento necesario compartir.

En las intervenciones de varios compañeros y compañeros se fueron destacando diversos rasgos de la personalidad de Darío y Maxi, que los acercaron a nosotros, con su joven rebeldía, su capacidad de entregar amor, con la creatividad que desparramaron en pinturas y en poemas. Betty contaba que Maxi "hipnotizaba a los niños, pasaba horas transformando hojas de árboles en barquitos, y los hacía correr por una zanja, llevando mensajes inconclusos que sólo él y los chicos podían comprender". Orlando recordaba a Darío por su capacidad de trabajo, por su ánimo, por su solidaridad, por su manera de ir siempre a donde fuera necesario, por su papel como educador popular. Al mismo tiempo, evitando el endiosamiento de los compas caídos, varios enfatizaron que no eran héroes, que eran luchadores sociales, jóvenes militantes, rebeldes, compañeros.

Fue entonces cuando Pablo alumbró con un comentario esta escena, no por conocida menos importante para interpretar este tramo de nuestra marcha. Dijo que quería llamar la atención sobre el gesto de Darío, acompañando a Maxi en el momento final. "Fue Darío quien se quedó con el compañero herido", subrayó. "No fuimos todos, fue él quien se quedó hasta el final". Agregó que necesitamos que ésta sea la actitud, el gesto colectivo de las organizaciones populares. Luchar hasta el final, por todos, acompañando a quienes están peor, en cada momento.

Muchas veces pensé en esos minutos en los que Darío, rodeado de policías, no corrió, sino que se quedó arrodillado acompañando a Maxi. Pensé en esa hermandad de los caídos, que sin conocerse casi, se saben acompañándose, frente a un poder que excluye, mata, y desintegra voluntades. Darío con la rodilla en el piso frío de la estación, junto a Maxi desangrándose. Darío dando la mano al compañero y la espalda a la bala…

Pedagogía del acompañamiento, de la coherencia. De esos gestos se forman los cuerpos colectivos con capacidad de resistencia y de desafío. Cuerpos que sienten y piensan, piensan y sienten entonadamente, donde la palabra y el acto no desafinan.

Lo que aprendí y aprehendí en esa clase, es la posibilidad de extender esta pedagogía del ejemplo a la hora de asumir los desafíos actuales de los movimientos populares. Pensar el gesto de Darío, no sólo como un gesto individual conmovedor, sino también como una manera de definir el lugar posible de las organizaciones populares en este tiempo.

Opción preferencial por los pobres, lo llama la teología de la liberación. Pedagogía del oprimido, lo llamó Paulo Freire. "Con los pobres de la tierra, quiero yo mi suerte echar", escribió José Martí. Y el Che insistía en que "no se trataba de desearle suerte al agredido, sino de correr su propia suerte".

Pedagogía del ejemplo, le dicen los compas del Movimiento Sin Tierra del Brasil. En el andar zapatista, "caminar al ritmo del más lento", el "para todos todo, nada para nosotros".

A veces la pedagogía popular exige no correr ni caminar. Quedarse junto al caído. Hasta que el último se levante. No dejar a nadie tendido, en las vueltas de la historia. "Que no haya soledad", dijo Silvio.

Y con esa fuerza que nos da la mano en la mano del compañero, aún del que se encuentra más jodido, encontrar el sentido último pero también el primero de nuestros movimientos. Ese sentido que se transmite en mensajes inconclusos, incomprensibles para el poder, escritos en clave de pueblo, como lo hacían Maxi y los chicos de Guernica.

La creación del hombre nuevo, de la nueva mujer, de las nuevas organizaciones, de la nueva sociedad, se realizan precisamente en el instante en que negamos, no sólo con palabras, sino fundamentalmente con actos, hasta el último gesto de capitalismo que nos habita y nos corrompe, que nos disocia y mata.

Darío despreciando al poder, tendiendo la mano al compañero caído. En esa línea que se dibujó en el aire entre la bala y su cuerpo, quedó marcada una frontera, que tal vez pueda ayudarnos a ubicar, de qué lado estamos.






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